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LA
BIBLIA DE REINA: UN
SUEÑO HECHO REALIDAD
Por Jorge A.
González
La Biblia en
Español más usada por las iglesias
protestantes hispanas, la Versión de Reina y
Valera, debe su nombre a Casiodoro de Reina y
Cipriano de Valera, dos reformadores españoles
del Siglo XVI. Fue Reina que publicó “La
Biblia del Oso” en Basilea en 1569. Valera
editó una versión revisada del Nuevo
Testamento Reina y Cipriano de Valera en 1596,
y seis años después, en Ámsterdam en 1602,
publicó la Biblia completa. Sin distraer del
reconocimiento que estos dos hombres merecen,
este artículo señala el hecho de que la Biblia
Reina-Valera es en realidad el producto
colectivo de los esfuerzos de un grupo mayor
de personas que estaban obsesionadas con un
sueño: proveer para España las Escrituras en
el idioma de la gente común.
Tanto Casiodoro de
Reina como Cipriano de Valera formaron parte
de un grupo de doce monjes del Monasterio de
San Isidoro del Campo, en Santiponce, cerca de
Sevilla, que huyeron a Ginebra en 1557, cuando
la Inquisición soltó su ira en contra de los
“luteranos”de Sevilla
Otros los habían
precedido. Entre ellos estaba el Dr. Juan
Pérez de Pineda maestro principal del Colegio
de los Niños de la Doctrina en Sevilla, quien
después llegó a ser miembro de la compañía de
pastores en Ginebra con Calvino. Desde 1556
hasta 1560, Juan Pérez publicó en Ginebra, con
la prensa de Jean Crispin, un buen número de
obras diseñadas para introducir las ideas
“protestantes” a España. Entre estas fueron
“El Testamento Nuevo de Nuestro Señor y
Salvador Jesu Christo” (1556) y “Los Salmos de
David” (1557). Estas obras fueron sus primeros
pasos hacia la publicación eventual de la
Biblia en Español. Pérez no vio la mayoría de
sus obras personalmente, porque fue durante
este período que estaba ausente de Ginebra por
casi dos años, debido a los problemas que
surgieron en la iglesia francesa de Frankfurt-am-Main,
tocante a la manera de observar la Santa
Comunión. Para Septiembre de 1556, la crisis
había llegado al punto que fue necesario que
Juan Calvino y un grupo de notables de la
iglesia en Ginebra fueran a Frankfurt para
arbitrar en el desacuerdo entre el ministro,
Valerand Poullain, y el Consistorio que fue
dirigido por el mercader francés, Agustín
Legrand. Pérez fue miembro de la delegación, y
cuando los otros regresaron a Ginebra, él
permaneció en Frankfurt hasta junio de 1558.
Fue durante su estancia allí que estableció un
fondo que se usaría para la publicación de la
proyectada Biblia en español. El dinero fue
depositado con Agustín Legrand, quien sirvió
de administrador y funcionario de confianza
principal.
Los monjes
isidorianos llegaron a Ginebra mientras Juan
Pérez estaba en Frankfurt. En su ausencia,
Casiodoro de Reina llegó a ser el guía
espiritual de la pequeña comunidad de
españoles desterrados. Su liderazgo fue tan
influyente entre el grupo que llegó a ser
conocido como “El Moisés de los Españoles.”
Pero pronto se encontró con problemas debido a
su compromiso a los principios conciliatorios
irónicos, que no fueron muy apreciados en el
Siglo XVI. Desde el momento de su llegada,
había levantado su voz de protesta y censura
en contra del juez de Ginebra por haber
condenado a Servetus a ser quemado en la
hoguera. En 1558, Reina declaró que Ginebra
había llegado a ser “la nueva Roma”, y,
seguido por varios de sus compañeros,
ex-monjes de San Isidoro, salió hacia
Frankfurt. Casi al mismo tiempo, Juan Calvino
mandó llamar a Juan Pérez de regreso a
Ginebra, probablemente para calmar a los
españoles que habían sido provocados por
Reina. No es muy claro si Reina y Pérez se
conocieron en este tiempo en Frankfurt o en
Ginebra. Es más probable, sin embargo, que
dialogaran durante este período de la
posibilidad de publicar la Biblia en español,
porque es desde este tiempo que Reina data el
comienzo de su obra en la traducción de las
Escrituras, como se puede ver en el prefacio
de su “Biblia del Oso”, y del dedicatorio
autografiado de la copia que donó a la
Universidad de Basilea.
Al ascender
Elizabeth al trono de Inglaterra, Casiodoro
fue a Londres, donde continuó su obra de la
traducción de la Biblia. Hay clara evidencia
que para este tiempo los planes para la
publicación de la Biblia fueron objeto de
proyecto colectivo. Por ejemplo, en la carta
que el Obispo Álvaro de Quadra, el Embajador
Español a Inglaterra, escribió al Rey Felipe
II el 26 de junio de 1563, reporta la llegada
en Londres de Don Francisco Zapata, quien
estaba viviendo en la casa de Reina, y que
había llegado a Inglaterra con el propósito de
trabajar con Casiodoro de Reina “y otros” en
la traducción de la Biblia en Español.
Un manuscrito
encontrado en la Biblioteca Bodleiana ofrece
más evidencia del hecho de que la Biblia en
español fue un proyecto colectivo. Este
manuscrito consiste de 613 folios escritos por
ambos lados, dos columnas por página. La
columna a la izquierda, escrita por varias
manos, tiene el texto de la “Biblia Ferrara”
desde Génesis 1 hasta I Reyes 15:22, donde
repentinamente termina antes de la última
palabra del versículo. La columna a la
derecha, también producto de varias manos
diferentes, que no son las mismas de la
columna al lado izquierdo, es evidentemente un
borrador para una nueva traducción de la
Biblia. La columna a la derecha aparece solo
de Génesis 1 hasta Éxodo 23, está en blanco
hasta el fin de Levítico, y en ese punto, el
texto reaparece desde Números 1 al 27. Este
manuscrito ha sido identificado como “un
borrador (anteproyecto) inicial de la Biblia
que Valera publicó en 1602, y es muy diferente
que el producto final”. Mientras una
declaración definitiva del manuscrito tendrá
que esperarse hasta que se estudie por
completo, debe notarse que la Biblia de Valera
fue una revisión de la de Reina, y no fue una
obra original. Pero el manuscrito escrito con
diferentes manos puede ser representativo del
tipo de obra colectiva a que Quadra se refería
en su carta.
Una tercera
evidencia del tesis de que la Biblia fue un
proyecto comunitario, viene de la carta que
Antonio del Corro escribió a Casiodoro de
Reina desde Teobón en la Nochebuena de 1563.
Corro fue un monje Isidoreano que llegó a ser
ministro en Francia, y que también aparece en
los expedientes de la iglesia francesa bajo el
nombre “Bellerive”. En esta carta, informa a
Reina que ha hecho arreglos para la impresión
de la Biblia con un impresor que había
ofrecido imprimir 1,200 copias con las
divisiones de los versículos, en tamaño
“folio”, por cuatro reales y medio, si ellos
mismos proveían el papel, y seis reales cada
uno si el impresor proveía el papel. Asegura a
Reina que no habría dificultad en conseguir el
papel, porque había tres o cuatro fábricas de
papel cerca de allí. En cuanto a dónde colocar
la máquina de imprenta, la Reina de Navarra
había ofrecido uno de sus castillos. La única
dificultad sería, dice él, con el examen final
y la corrección del texto, y para ese fin,
sugirió que se trajera a Cipriano de Valera
para ayudarle en la corrección final del
texto.
Reina nunca
recibió la carta. La carta llegó en Londres
después que Reina había huido de Inglaterra
bajo acusaciones de herejía y sodomía. Con un
precio sobre su cabeza por las autoridades
españoles, Casiodoro buscó refugio en Antwerp,
Frankfurt, Orleans y finalmente en Bergerac,
donde su amigo, Corro, era pastor.
Más tarde, cuando
la Princesa Reneé de Francia llevó a Corro a
su castillo en Montargis para servir como su
capellán, Reina lo acompañó. Allí los dos
tenían amplio tiempo para hablar de los planes
para la Biblia en español con Juan Pérez, que
en ese tiempo también servía como capellán
para Reneé. Tal vez la Princesa expresó algo
de interés en el proyecto, siendo que “La
Biblia de Ferrara” fue publicada once años
antes, por los “cripto-judíos, Yom Tob y Leví
Atías (Jerónimo de Vargas) y Abraham Ben
Salomón
Es más, esta
versión es una que por mucho tiempo se había
circulado entre los judíos de España, y
podemos encontrar evidencia previa del
Políglota Pentateuco publicado por Eliezer B.
Gerson Soncino en Constantinopla en 1547. Este
Pentateuco incluye un texto en Español impreso
en letras hebreas como fue la costumbre de los
judíos Sefardíes. Una comparación de este
texto ladino con la Biblia de Ferrara indica
que los dos son representativos de la misma
tradición textual.
Reina concentró su
obra en la traducción del Antiguo Testamento.
Tenía planes para usar el Nuevo Testamento de
Pérez, que en ese tiempo se estaba imprimiendo
en París. La mañana del 20 de octubre de 1566,
Juan Pérez murió en los brazos de su amigo,
Antonio del Corro. Corro dejó el asunto de la
publicación del Nuevo Testamento en las manos
de los asistentes de Pérez, Bartolomé Gómez y
Diego López. Pérez murió sin dejar un
testamento, pero según Corro, el lecho de su
muerte, hizo conocerse sus deseos: que Reneé
fuese su heredera universal. Ella debía
encargarse de que el Nuevo Testamento se
publicara usando los fondos derivados de la
venta de sus pertenencias. Gómez y López se
opusieron a tal arreglo. Querían que el dinero
que Pérez había depositado con Agustín Legrand
también se aplicara a su proyecto. Corro
estaba opuesto a tal uso de los fondos, siendo
que debían usarse para la publicación de la
Biblia entera. El Consistorio de París fue
convenido para intervenir en el desacuerdo
algo desagradable que se provocó, y decretó
que la suma de 300 coronas debía darse del
fondo en Frankfurt a Gómez y López para la
publicación del Nuevo Testamento, mientras el
saldo de los mil “escudos” que Legrand tenía
en su confianza, debían usarse para la
publicación de la Biblia.
El Nuevo
Testamento de París nunca se publicó. En abril
6, 1568, Felipe II escribió a su embajador en
Francia, Don Francisco de Avala, mandándole
confiscar el borrador original y quemar las
porciones que habían sido impresos. Así, Reina
tuvo que preparar su propia traducción del
Nuevo Testamento. El “fondo Pérez”, sin
embargo, se le dispuso para la publicación de
la Biblia, y fue con ese dinero que contrajo
al famoso impresor Oparino para la obra de
impresión. Desafortunadamente, Oparino murió
después que había cobrado el dinero, pero
antes de poder cumplir el contrato. Se perdió
el dinero. Pero de nuevo los amigos y los
fondos de Frankfurt llegaron al rescate, y la
primera edición de la Biblia en Español, la
culminación de los sueños, las esperanzas y
las aspiraciones de un grupo de españoles
vagabundos desterrados, vio la luz en Basilea,
Suiza, en 1569.
Resumen: La Biblia de Casiodoro de Reina es en realidad el resultado del esfuerzo y trabajo conjunto de un grupo de personas, y no de Reina individualmente. El autor bosqueja parte de la odisea de Casiodoro de Reina en su proyecto de traducir la Biblia, y muestra la ayuda que obtuvo de otros. Como pruebas de que la Biblia en castellano fue un proyecto conjunto, aduce la correspondencia entre Felipe II y su embajador en Inglaterra, una carta de Antonio del Corro a Casiodoro de Reina, y un manuscrito de la Biblioteca Bodleiana en que aparecen porciones del Antiguo Testamento traducidas al castellano y escritas por diferentes personas.
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